"La aventura, la gran aventura, es contemplar cómo aparece una cosa desconocida cada día delante de tus ojos".

-Henry Cartier-Bresson-

23 abr 2014

Curso de Fotografía en Torredembarra

Este Viernes 25 de Abril empieza otro de mis cursos de fotografía, esta vez en Torredembarra (Tarragonès).


Creo que hay bastante expectación... espero no defraudar a mis nuevos alumnos!


22 abr 2014

Así la hice: Zoco de Marrakech

Dicen que las oportunidades fotográficas perdidas, esto es aquellas fotos que no llegas a hacer, siempre las recuerdas. Aunque -afortunadamente- sí que llegué a hacer la foto que os voy a comentar hoy, aún tengo grabado el momento y las sensaciones que me acompañaron. Como si aún estuviera ahí.

Aprovechando el puente de diciembre, nos habíamos ido con unos amigos a Marrakech y después de pasar unos días geniales volvíamos hacia nuestro Riad para recoger las maletas y poner rumbo al aeropuerto para tomar el vuelo de regreso a casa. Para ir del hotel a la plaza Jemaa el Fna (o viceversa) pasábamos por el interior del abigarrado y laberíntico zoco de Marrakech. Las primeras veces nos perdíamos sin remedio por su dédalo de callejuelas aunque consultáramos el mapa en cada esquina, pero después de unos días ya teníamos memorizado el recorrido.

De hecho, cada día habíamos pasado un par de veces -como mínimo- por ese portal, justo al lado de la tienda del platero, pero nunca lo había visto con esa luz. En diciembre y en esa latitud, el sol de primera hora de la tarde ya va bastante bajo y entraba por el portal tiñéndolo todo de dorado, creando un juego de luces y sombras espectacular. Al girar y encontrarme con esa imagen, no podía creérmelo. Encima, para mi suerte, en ese instante no había gente que paseara por allí, sólo el dueño del negocio sentado fuera.

Zoco de Marrakech. (Marruecos)
Panasonic Lumix DMC-LX3
f8 - 1/50 - ISO 80
Había que actuar rápido. El zoco de Marrakech siempre está atestado de turistas y teniendo en cuenta que el puente de la Purísima es festivo en media Europa os podéis imaginar cómo estaba de gente la ciudad. Sabía que no tardaría en pasar alguien, así que me puse manos a la obra.

Como si fuera el salvaje oeste, mientras desenfundaba mi pequeña compacta ya la había encendido y puesto el dial en el modo A (prioridad al diafragma). Seleccioné una abertura cerrada -f8- y revisé el valor ISO -lo tenía en 80-. Bien, puede valer, pensé. A ver cómo sale y si no ya corrijo. Aunque parezcan valores muy cerrados para una toma con tan poca luz, desde el primer momento tuve claro que haría una medición puntual en la puerta, justo el lugar más iluminado de la escena. Pensé que de esta manera no perdería el estupendo color de la luz en el portal y su reflejo en el suelo húmedo y que los brillos del metal resaltarían más si dejaba parte de la escena sub-expuesta adrede.

La verdad, no me lo pensé mucho más. Hice una primera toma vertical que no me gustó, pero me sirvió para comprobar la luz. Le dí un poquito más de claridad subiendo medio punto el compensador de la exposición y las siguientes tomas ya las hice en horizontal, para poder hacer una composición con la puerta aproximadamente en el primer tercio de la imagen y el señor sentado en el segundo. Y poco más, porque sólo pude hacer dos o tres fotos antes de que entraran turistas por la puerta y me estropearan el plano...

Recuerdo que me sentí exultante cuando vi el resultado. Me impactó la imagen que apareció delante de mis ojos cuando doblamos esa esquina del zoco y pude llevármela a casa gracias a tener las cosas claras, la rapidez con que actúe y a la suerte de llevar la cámara en el cinturón y no en la mochila. De hecho ya íbamos de retirada, pero nunca se sabe cuándo puede surgir la foto.

Por eso es tan importante estar familiarizado con los controles de la propia cámara. El tenerlos por la mano y el saber qué opciones tiene y cómo configurarlas nos puede ser muy útil si, como en este caso, hay que disparar rápido para aprovechar la oportunidad.

18 abr 2014

Viajes: Argentina (III). Salta y Jujuy, los Colores del Noroeste.

Después de pasar unos días en Iguazú, llegar a Salta supuso un cambio radical de color y de ambiente. Del verde más frondoso a los ocres más áridos. De la humedad del agua a la sequedad del polvo. De la selva al desierto. Y todo ello solamente en un par de horas, las que tardó el avión en cubrir el trayecto una vez que pudimos despegar con una hora de retraso por motivos que no llegué a saber... en fin, esto es Argentina.

Era Viernes y me había planificado una semana entera para recorrer las provincias de Salta y Jujuy, las dos situadas en el Noroeste del país, en la frontera con Bolivia y Chile. Lo primero que tenía que hacer era recoger el coche que había alquilado por internet desde España. Siempre con la idea de ahorrar plata, me había ido a la página de una empresa salteña, Aanymo Rent a Car, y les había convencido de que me rentaran un auto sin usar la tarjeta de crédito (me era mucho más beneficioso pagar en efectivo con el peso "blue"). Pero cuando salí de la terminal y no encontré al contacto de la agencia pensé... ay ay ay... ¿a tí quien te manda alquilar un coche en una compañía que se llama "ánimo"!? Pero no. Aquí en el noroeste todo va a otro ritmo y simplemente el chico llegó con mi coche con un aceptable retraso de media hora. Nada más.

Con mi Chevrolet Classic pasando por un puente de camino al Pucará de Tilcara, Jujuy. (Argentina)
Panasonic Lumix DMC-LX3
f5 - 1/1000" - ISO 80

Después del papeleo y de comprobar que el auto llevara rueda de repuesto (curioso... toda la gente con quien había hablado me recomendó encarecidamente que comprobara este punto!) me pude poner en marcha en dirección al norte. Primero Jujuy, luego ya volvería hacia Salta. La primera parada la hice en el aeropuerto de Jujuy, donde debía recoger a mi amiga Marian, que se las había arreglado para venir a pasar el fin de semana conmigo. Lo que me pasó en ese aeropuerto creo que no tengo espacio suficiente para contarlo aqui... pero voy a intentarlo de manera esquemática...

Tormenta de arena. Aeropuerto cerrado. Nadie, repito NADIE en toda la terminal. Ni una sola pantalla donde ver si el vuelo de Marian llegaba con retraso, o si simplemente llegaba. En un lateral de la pista, un viejo avión abandonado. Ningún punto con wi-fi operativo y lo que es peor... el bar cerrado!!! Ahhhhh!!! No podía hacer otra cosa que esperar... Este aeropuerto, aunque en la entrada ponga que es "Internacional", sólo se abre cuando llegan vuelos... Y hasta una hora antes de la llegada del vuelo que venía de Buenos Aires no empezó a llegar alguien y se abrieron tanto el bar como las tres tiendas de recuerdos... Al final, con 3 horas de retraso sobre el horario previsto, llegó el 737 de Aerolíneas que traía a Marian y por fin pudimos poner rumbo hacia Purmamarca.

Vicuña en la Puna, entre la cuesta de Lipán y las Salinas Grandes, Jujuy. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 70-300 f4,5-5,6 DL Macro
f9 - 1/250" - ISO 100

El Noroeste argentino es un territorio lleno de atractivos, pero estos quedan eclipsados a nivel internacional por los grandes activos turísticos del país, las cataratas del Iguazú y los glaciares de la Patagonia. Supongo que será por eso que lo que abunda en este lugar es el turismo interior. Dedicamos el fin de semana a recorrer la Puna -el altiplano pre-andino- y empezamos por las Salinas Grandes. Para llegar ahí desde Purmamarca hay que pasar por la Cuesta de Lipán, un puerto de montaña cuyo techo se sitúa a 4.170 metros sobre el nivel del mar, casi ná para nuestro pequeño Chevy. Obviamente, bajamos y nos hicimos algunas fotos. Hasta el momento, es el punto a más altitud donde he estado.

Bajando por la otra vertiente pudimos ver lo que creíamos llamas, pero resultaron ser vicuñas. Luego nos enteramos que las llamas son domésticas y las vicuñas salvajes. Al final llegamos a las Salinas Grandes, una enorme extensión de sal que aún sigue en activo, pero por donde se puede pasear sin problema hasta las antiguas piletas de extracción, y nos hicimos unas fotos muy divertidas saltando como locas. Cerca de ahí, un polvoriento cartel rezaba "Restaurante a 12 km". Decidimos seguirlo y en un rato estábamos comiendo llama a la parrilla en una aldea llamada Santuario de Tres Pozos. Todo el pueblo era del mismo color, casas y tierra de adobe. Los niños nos miraban como si hubieran visto marcianos y nuestro coche era el único que vimos por allí, aunque me hicieron cambiarlo de sitio porque según algún apunado, podía entorpecer la salida de vehículos...

Piletas de extracción en las Salinas Grandes, Jujuy. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 24-70 f2,8 DG HSM
f18 - 1/100" - ISO 100

Ya de regreso a Purmamarca, dedicamos lo que nos quedaba de tarde a caminar por el Paseo de los Colorados, un recorrido circular de unos 3 km. con interesantes formaciones rocosas y a admirar el Cerro de los Siete Colores, la rareza geológica que da vida a este pueblo. Me estaba gustando el Noroeste, así como su particular gastronomía. Durante la semana que pasé por ahí probé platos típicos como las empanadas salteñas, los tamales, las humitas en chala, el choclo y la quinoa. Y es que viajar no sólo es ver y fotografiar... también es probar lo típico de cada sitio, verdad?

Cerro de los Siete Colores. Purmamarca, Jujuy. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 24-70 f2,8 DG HSM
f4,5 - 1/80" - ISO 100

Al día siguiente seguimos ruta por la Quebrada de Humahuaca, un gran surco natural que, como una cicatriz, recorre Jujuy de norte a sur y que desde tiempos inmemoriales ha servido de vía de comunicación entre la puna y el valle. Conduciendo por sus carreteras seguíamos encontrándonos estampas de la Argentina más étnica y rural, flanqueadas por los grandiosos paisajes en tonos marrones y ocres y por aislados caseríos o pueblecitos con más o menos encanto como Humahuaca, Uquía o Tilcara.

Fue en este último pueblo donde paramos a reponer fuerzas y nos atrevimos con nuestra primera pista de ripio, un angosto camino de cornisa que en poco más de media hora nos llevó hasta un cañón con una pequeña cascada. Curiosamente, se llamaba la Garganta del Diablo, aunque he de decir que la de Iguazú llevaba muchísima más agua. Aún así, descendimos por el fondo del desfiladero y disfrutamos de la tranquilidad del lugar. De verdad que es muy curioso esto de los nombres... al día siguente me volvería a encontrar con otra Garganta del Diablo... esta vez en la Quebrada de las Conchas, en Salta. Será que el diablo es un poco como Dios... que está en todas partes?

Los colores del Noroeste. Colinas en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 24-70 f2,8 DG HSM
f13 - 1/80" - ISO 100

Antes de dejar a Marian en el aeropuerto -lamentablemente el fin de semana tocaba a su fin- me dio un valioso consejo. "No esperes a necesitarlo para llenar el tanque de combustible, es mucho mejor que cargues nafta en cuanto te quede más o menos medio depósito. En esta parte del país nunca se sabe cuándo va a haber gasolina." Pues vale, así lo haré, y la verdad es que no iba a hacer falta que pasaran muchos días para comprender el porqué de esta precaución...

Así pues, seguí ruta en dirección sur y bordeando el embalse de Las Maderas volví a la provincia de Salta. Aún me quedaban bastantes kilómetros de carretera de cornisa, angosta y sinuosa pero al menos asfaltada, hasta llegar a La Caldera, donde tenía previsto pasar la noche. De camino me paró un control policial, muy numerosos en el país. En ese momento soy consciente de que no tengo el contrato de alquiler del auto (creo que lo perdí o que no me lo llegaron a dar, no sé...) así que me anticipo y les pregunto si voy bien para La Caldera. Claro que voy bien... lo sabré yo!, pero mi táctica de niña buena funciona y los amables policías se limitan a indicarme y a desearme buen viaje y que maneje con precaución. Tampoco creo que hubiera pasado nada, pero a veces se pueden poner un poco pesaditos con los papeles...

A la mañana siguiente vuelvo a la carretera y voy bajando en dirección sur. Paso de largo Salta (a la capital le tengo reservado el último día) y tomo la ruta 68 en dirección a Cafayate. Aún tengo por delante unas horas de conducción antes del que será el gran atractivo del día, la Quebrada de las Conchas y me voy fijando en los pequeños santuarios que voy encontrando a mi paso, dedicados al Gauchito Gil. Se cuenta que Antonio Mamerto Gil Nuñez era un gaucho que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, y que al final fue apresado y degollado debajo de un árbol. De ahí vendrá (digo yo) el color rojo sangre que adorna las pequeñas capillitas situadas casi siempre a pie de carretera.

Capilla en honor al Gauchito Gil. Carretera de La Caldera a Salta. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 24-70 f2,8 DG HSM
f8 - 1/60" - ISO 100

A primera hora de la tarde llegué a la Quebrada de las Conchas, también conocida como la Quebrada de Cafayate. Quizá menos espectacular que la de Humahuaca, pero no por eso menos interesante, está atravesada por el río de las Conchas y por la ruta nacional 68. Los grandes atractivos de esta zona son sus extrañas formaciones rocosas con nombres tan evocadores como La Garganta del Diablo (si, otra vez), el Anfiteatro, el Fraile, el Obelisco, las Ventanas, los Castillos...

No sé cuánto tardé en atravesarla, puesto que a cada poco tenía que parar a hacer fotos y a explorar los lugares que me iban marcando tanto mi guía como las propias señales de la reserva, ya que también es una área protegida. En especial, me gustaron la Garganta del Diablo y el Anfiteatro, impresionantes surcos en la roca erosionados hace miles de años por la acción del agua.

El Anfiteatro, una chimenea natural en la Quebrada de las Conchas, Salta. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 24-70 f2,8 DG HSM
f11 - 1/30" - ISO 100

Después de una tarde intensa, arribé por fin a Cafayate, una tranquila población situada en plena Ruta del Vino y la más importante del circuito turístico de los Valles Calchaquíes. Tengo dos noches contratadas en un económico albergue del pueblo y nada más llegar me sorprende ver a unos burros sueltos paseando tranquilamente por la calle. A estas alturas sé que nada debería sorprenderme... ya he visto muchos animales sueltos por ahí, pero es la primera vez que veo burros yendo a su aire por un pueblo... en fin...

El centro de la población, como es habitual, se aglutina en torno a su plaza principal, con la iglesia de estilo colonial y muchos bares y restaurantes donde parar a descansar y probar lo más típico de la zona: el estupendo vino blanco torrontés. La verdad, era una delicia esperar a que fuera la hora de cenar sin más quehacer que observar el ir y venir de la gente y aprovechar la conexión wi-fi de cualquiera de los bares para conectarme al mundo exterior y recibir noticias de casa. Además, también me diviertía pensar que en pleno noviembre yo iba en manga corta mientras que allí en casa ya se estarían pelando de frío.

Una herrumbrosa camioneta en una calle de Cafayate, Salta. (Argentina)
Panasonic Lumix DMC - LX3
f4,5 - 1/800" - ISO 80

Al día siguiente llegó mi primer contratiempo -meteorológico, eso si- del viaje. Tenía pensado llegarme hasta Tafí del Valle, pero la lluvia, la niebla y el frío se dieron cita en el paso del Infiernillo (pues hizo honor a su nombre), y en lugar de lo previsto me dí la vuelta y visité las ruinas de Quilmes, uno de los yacimientos arqueológicos pre-colombinos mejor conservados de Argentina, y que además, da nombre a la cerveza más conocida del pais! No me preocupé en exceso, llevaba ya algunos días por la zona y casi dos semanas en el país, así que quizá ya tocaba un día malo. Ah, también aproveché para llenar el tanque de combustible, aunque para hacerlo tuve que ir hasta Amaicha, a 60 km de Cafayate, ya que en la gasolinera del pueblo llevaban días sin nafta. Bien por tu consejo, Marian! Y bien por mí, por seguirlo, que carajo.

Y es que para lo que me esperaba, quería partir con el depósito lleno. Tenía muchas ganas de subir hasta la pequeña pero adorable población de Cachi, y para eso no había otra que conducir unos 150 km por la polvorienta Ruta 40, la carretera Panamericana que recorre todo el continente de norte a sur. Aunque en muchos tramos ya está asfaltada, todo lo que me quedaba por delante era puro ripio. Descubrí que hay muchos tipos de ripio: El ripio duro, el pedregoso, el arenoso, el bacheado y el más bacheado... incluso el ripio fangoso, restos de las lluvias del día anterior en alguna parte un poco más sombría. Mientras iba ganándole kilómetros a la carretera mi coche iba cambiando de color (de gris metalizado a marrón polvoriento) y yo iba adoptando los hábitos de conducción argentinos, esto es, sin luces y sin cinturón (ambos son obligatorios en todo el país, aunque por aquí casi nadie los cumple).

Quebrada de las Flechas. Ruta Nacional 40 entre Cafayate y Cachi, Salta. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 24-70 f2,8 DG HSM
f10 - 1/125" - ISO 100

Aunque llegué a odiar y a maldecir a los pequeños pero constantes baches de la pista, he de decir que disfruté como una enana manejando por la Ruta 40 y admirando los paisajes, áridos pero estremecedores, que me iba encontrando a mi paso. La distancia a recorrer no era mucha pero la velocidad tampoco lo era, así que al mediodía paré en el pequeño pueblo de Molinos para descansar, estirar las piernas y comer algo. Una bonita iglesia y un coqueto museo en la casa natal de Indalecio Gómez -fue ministro del interior en 1912- son los únicos reclamos de la población, aparte del polvo y la soledad. He de decir que es una delícia que aún queden lugares tan auténticos y tan alejados del turismo de masas!

Después de comer algo en "Los 3 Chinos", un indescriptible local con los manteles de hule y con más moscas dentro que fuera, seguí ruta hacia Cachi a donde llegué bien entrada la tarde con las cuatro ruedas de mi Classic increíblemente intactas! Y al llegar aquí he de hacer un inciso para recomendaros que, si alguna vez visitáis Cachi, os alojéis en la Hostería Villa Cardón. Una antigua casa del siglo XVII totalmente reformada con gusto, limpia a rabiar, tranquila y con unos propietarios amabilísimos que se desvivieron por hacer mi estancia de lo más agradable. Fue, sin duda, el mejor alojamiento de toda la semana!

Trabajadores del campo volviendo a Cachi después de su jornada laboral. Cachi, Salta. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 70-300 f4,5-5,6 DL Macro
f6,3 - 1/200" - ISO 400

Cachi es una pequeña población de unos 2.000 habitantes situada a los pies del Nevado del Cachi, de 6380 metros. Si tuviera que definirla con una sola palabra, sería "agradable". Si pudiera usar más, diría tranquila, relajada, rural, auténtica, blanca. Ubicada lejos de todo, o como dicen los argentinos "en la loma del orto", goza de un clima ideal durante buena parte del año, lo que hace prosperar los campos de cultivo (sobretodo pimientos, viñedos, legumbres y maíz) situados más al interior, en lo que ellos llaman Cachi adentro.

Lo reconozco, soy más de campo que las amapolas, siempre prefiero una tranquila aldea que una gran ciudad, quizá por eso me sentí tan a gusto en Cachi. Apunto el lugar para volver en otra ocasión, quizá a finales de algún verano para poder ver (y fotografiar) los pimientos secándose al sol, pero la próxima vez me quedaré más días.

El Cementerio entre las Nubes. Cachi, Salta. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 70-300 f4,5-5,6 DL Macro
f8 - 1/250" - ISO 400

La semana estaba transcurriendo muy rápido, pero antes de llegar a Salta aún me quedaba otro día de conducción por los Valles Calchaquíes, en el cual iba a atravesar el Parque Nacional Los Cardones y bajar por la Cuesta del Obispo. Afortunadamente (o no, según se mire) la mayor parte de la ruta de ese día iba a ser asfaltada.

El Parque Nacional Los Cardones es uno de los más jóvenes de Argentina. Creado en 1996, acoge en sus más de 64.000 Ha. a varias especies vegetales, la más característica de las cuales es el cactus Cardón -parecida a los Saguaro que ví ya hace unos años en Arizona- y los protege de la tala indiscriminada para convertirlos en muebles o artesanía. El parque, situado a una altitud media de 3.000 metros no cuenta con casi ninguna infraestructura para los visitantes -así que toca llevar agua y comida- pero esto hace que se pueda visitar sin pagar entrada y en completa soledad. Lo que fuera una parte del antiguo Camino del Inca (hoy en día la Ruta Provincial 33) atraviesa la reserva y durante 19 km lo hace en una recta perfecta, llamada la Recta del Tin-Tin.

El P.N. Los Cardones protege a miles de cactus de esta especie, al pie del Cerro Negro.
P.N. Los Cardones, Salta. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 70-300 f4,5-5,6 DL Macro
f9 - 1/200" - ISO 200

Tocaba ir bajando hacia Salta, y no había otra manera de hacerlo que descender por la Cuesta del Obispo, un empinado puerto de montaña (en su punto más alto llega a los 3.348 metros) medio asfaltado y medio de ripio y con 20 km de curvas y grandiosas vistas. Pero antes de abandonar definitivamente los Valles Calchaquíes quería desviarme para satisfacer mi curiosidad, ya que un nombre en el mapa había llamado mi atención: El Valle Encantado.

Así pues me interné por una abrupta pista de ripio -a esas alturas, mi coche ya podía con todo- y descendí hasta encontrarme con unas interesantes formaciones rocosas, algunas lagunas de alta montaña y una cuña de yungas. El Valle Encantado forma un ecosistema propio rodeado de la aridez más extrema de la puna salteña. De regreso, sorprendí a una pareja de Cauquenes en pleno cortejo nupcial, y es que la primavera cada vez estaba más avanzada en la región y ya se sabe, la primavera la sangre altera.

Cauquén Guayata (Oca de los Andes) macho llamando la atención de la hembra.
Valle Encantado, P.N. Los Cardones, Salta. (Argentina)
Nikon D800 - Sigma 70-300 f4,5-5,6 DL Macro
f6,3 - 1/500" - ISO 200

Llegué a Salta sobre media tarde. Después de la tranquilidad -y en algunos lugares, soledad- de los Valles Calchaquíes, la capital de la provincia me pareció demasiado llena de gente. Demasiados coches. Demasiado ruido. Esa noche había dormido viendo las estrellas (mi habitación en la hostería de Cachi tenía una claraboya justo encima de la cama) y ahora estaba en medio de una atestada calle peatonal de camino a la Plaza 9 de Julio, lo que a decir verdad me incomodaba bastante.

Quizá por eso, y también porque me lo habían recomendado, después de dar una vuelta por la Catedral y por la iglesia de San Francisco me decidí a visitar el MAAM, el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta, donde se exponen de manera magnífica las momias y los ajuares funerarios de tres niños incas hallados en Marzo de 1999 en la nevada cumbre del volcán Llullaillaco, a 6.739 metros sobre el nivel del mar. El Niño, la Doncella y la Niña del Rayo se exponen alternativamente (nunca los tres a la vez) en una sala debidamente acondicionada y con todo el respeto posible. Con carteles explicativos y varios audiovisuales se explica la ceremonia que supuso un gran honor para ellos, pero que ha llegado a nuestros días como una desgarradora historia que, creedme, me puso el vello de punta.

Catedral neoclásica de Salta. (Argentina)
Panasonic Lumix DMC-LX3
f4 - 1/800 - ISO 80

Ya de regreso al sol de la plaza, me tomo un café con leche en una terracita mientras me repongo del frío que llevo en el cuerpo y pienso en las malogradas historias de los tres niños incas. También aprovecho para hacer balance de mi semana por el Noroeste. En una palabra, y como dicen aquí, "bárbara!" ¡Qué paisajes y que riquezas escondidas tiene este país! Cuanto más veo, más ganas tengo de ver. Es bien cierto que viajar tiene eso, es como beber pero no quedar saciada. Como un virus que, en cuanto te pica, ya no tiene cura.

Mañana regreso a Buenos Aires. Es sólo una parada "técnica" en mi camino hacia la Patagonia, una escala que aprovecharé para estar un par de días con Marian e intentar explicarle mis impresiones y aventuras en el Noroeste, hacer una colada y cambiar en la maleta la ropa de verano por la de frío. El sur me espera. Y ya tengo ganas de estar allí.




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Argentina (II). Iguazú. Donde el Agua es Grande.
Argentina (IV). El Chaltén, montañas imposibles.
Argentina (V). El Calafate. Glaciares increíbles.

17 abr 2014

Fotografía Fácil: Apertura de Diafragma

En anteriores entradas os había explicado que para controlar la exposición de una imagen disponíamos de tres mecanismos básicos: apertura, velocidad y sensibilidad. Hoy nos centramos en el primer parámetro, la apertura del diafragma.

El diafragma lo encontramos en el objetivo de la cámara, y es un sistema de láminas de metal que se abren y se cierran. El espacio que se forma en el centro se conoce como apertura y su tamaño lo medimos con una numeración propia: los números f.

La apertura del diafragma determina el caudal o intensidad de luz que llega al sensor.

Unas finas láminas de metal forman un espacio en el centro,
llamado apertura del diafragma.
El mayor o menor tamaño de este espacio determinará qué cantidad de luz entrará hacia el sensor. Lógicamente, a mayor apertura más luz, y a menor apertura menos luz. Cada tamaño o apertura de diafragma lleva asociado un número f  y las aperturas más usuales que podemos encontrar en una cámara réflex se rigen por esta escala:


correspondiendo los números más bajos (f1,4 - f2 - f2,8...) a una mayor apertura -esto es, más caudal de luz- y los números más altos (f8 - f11 - f22) a una menor apertura -más cerrado, menos caudal de luz-.

Vale, estoy de acuerdo que todo esto puede parecer complicado, sobre todo al principio, pero mirado de esta manera creo que queda mucho más claro:


En todas las cámaras DLSR (réflex), bridge y muchas compactas, podemos ver estos números en la información del visor o en la pantalla LCD cuando tomamos una foto. Pues este parámetro nos informa qué tamaño o apertura tendrá el diafragma de nuestra cámara en el momento de tomar la fotografía.

DOBLE - MITAD

Cada diafragma o paso es el doble de grande que el siguiente y la mitad que el anterior. Es decir, que por cada paso o diafragma entero que cerremos llegará al sensor la mitad de luz, y por cada diafragma entero que abramos dejaremos pasar hasta el sensor el doble de luz.

Luego, y depende de la cámara, también tendremos pasos o diafragmas intermedios, incluso tercios de diafragma, pero el concepto importante que debemos retener es que a mayor apertura, más caudal de luz y a menor apertura, el haz de luz será menor. 

Hasta aquí todo bien, incluso más o menos fácil de entender... más abierto significa más luz, y más cerrado menos. Vale, pero y esto para qué sirve, a nivel práctico? Pues bien, lo que nos interesa de las distintas aperturas o tamaños de diafragma es que a través de este parámetro controlamos la cantidad de luz que llega al sensor, esto es, que la exposición sea la adecuada. Así pues, si una fotografía nos queda demasiado oscura podemos optar por abrir un poco más el diafragma para dejar entrar más luz, y al revés, si una toma nos queda demasiado quemada, cerrando el diafragma obtendremos una menor exposición.

La Profundidad de Campo

Pero, y como decía Buggs Bunny... no se vayan todavía, aún hay más! Mediante la apertura del diafragma influiremos (a parte de en la mayor o menor exposición de la imagen) en un efecto fotográfico denominado Profundidad de Campo, es decir, cuán nítida será la imagen por delante y por detrás del punto de enfoque.

Las aperturas de diafragma más grandes (recordad, menor número f) por ejemplo f1,4, f2 o f2,8 nos darán menos profundidad de campo. La imagen sólo será nítida en el punto de enfoque, y poco más.

En cambio, al disparar con aperturas de diafragma más pequeñas (un número f más elevado) por ejemplo f11, f22, ganaremos más profundidad de campo. La imagen presentará más nitidez tanto por delante como por detrás del punto donde hemos enfocado.

Izquierda: f2,8 Apertura grande. Poca profundidad de campo. Menos nitidez
Derecha: f22. Apertura pequeña. Mucha profundidad de campo. Más nitidez
En la doble imagen anterior, si nos fijamos en la primera maceta veremos que hay buena nitidez en ambas fotos, pero a medida que nos vamos fijando en las otras, podemos ver que disparando a f2,8 las siguientes macetas van perdiendo nitidez, mientras que disparando con un diafragma muy cerrado como f22 siguen viéndose nítidas. De esto se trata la profundidad de campo.

Esto es así, en teoría y también en la práctica, pero también hay otros factores que nos influirán para conseguir mayor o menor profundidad de campo, como el objetivo que usemos o la distancia entre primer plano y fondo.

- Un objetivo gran angular, por construcción y características, siempre nos dará mayor nitidez o profundidad de campo en todos los planos que no un teleobjetivo. Por lo tanto, al disparar con distancias focales más angulares obtendremos fotografías más nítidas aunque usemos grandes aperturas.

- Luego, cuanto mayor sea la distancia entre primer plano y fondo, menos profundidad de campo obtendremos, es decir, a mayor distancia entre planos, menos nitidez obtendremos.


A nivel práctico...

Conociendo los distintos efectos que provoca una mayor o menor apertura de diafragma, podemos usar ésta de manera inteligente en el momento de fotografiar, siempre dependiendo del tipo de imagen que queramos conseguir.

f11 - Con una apertura de diafragma bastante cerrada y un objetivo gran angular conseguiremos una gran nitidez, tanto en primer plano como en el fondo, como en esta imagen del Macizo de la Maladeta.

f5,6 - La apertura del diafragma bastante abierta, la gran distancia que había entre esta ardilla y el fondo y el uso de un teleobjetivo hizo posible obtener este desenfoque selectivo tan exagerado.

f2,8 - Aunque no había mucha distancia entre primer plano y fondo, con una apertura de diafragma muy grande se puede conseguir ir desenfocando gradualmente la imagen conforme nos alejamos del punto de foco.

Un último consejo en cuanto a la apertura de diafragma. Dicen que los objetivos rinden mejor a nivel óptico cuando no trabajan ni con la mayor ni con la menor apertura disponibles. Por ejemplo, a nivel práctico, casi no habrá diferencia en disparar a f16 o a f22, y puede que la calidad de imagen general sea mejor si no apuramos hasta los topes. Y al igual en el otro extremo. Yo, la verdad, no sé que pensar... pero tiene su lógica... será cuestión de probar y comparar resultados...

En la próxima entrega de Fotografía Fácil os hablaré de la velocidad de obturación. Más técnica para nuestra cabeza y más efectos para nuestras fotos. No os lo perdáis!


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La Exposición
Velocidad de Obturación
La Sensibilidad ISO
Los Modos de Exposición (MASP)
El Exposímetro y el Compensador de Exposición

14 abr 2014

Lo que hay que oír...

Yendo con la cámara por ahí, una tiene que escuchar muchas tonterías. Si queréis que os diga la verdad, a mí por una oreja me entran y por otra me salen. Soy una persona que tiende a fijarse más en lo que hago yo que en lo que hacen los demás. Y de momento, me va bien así.

Pero claro, una no es de mármol de carrara y aunque siempre las tonterías provienen del desconocimiento y en la mayoría de ocasiones me calle mi respuesta (en el fondo soy una persona educada) no puedo evitar pensar en réplicas mordaces a las sandeces fotográficas que escucho por ahí... Aquí van algunas...

1- La que más... "Esta cámara saca fotos muy buenas".
Si tu, y lo hace todo ella solita. Estoy por dejarla aquí para que vaya haciendo mientras yo me tomo algo en el bar...

2 - Otra parecida... "Yo quiero una cámara como la tuya, para sacar fotos así".
Ah, entonces también querrás hacer los cursos, talleres y los años que me he tirado afotando por ahí y viendo porqué mis fotos no salían como quería, corrigiendo errores y aprendiendo, ¿verdad?

3- Otra de la misma guisa... "Claro, es que con esta cámara cualquiera!"
Ah, pues tome, a ver qué hace. Y tenga cuidado, esta no lleva la función "auto".

4- Esta me gusta mucho... "Joer, vaya foto! Debes tener una buena cámara!"
No señora (o señor, da igual), lo que tengo es buen ojo. De hecho, esta foto está hecha con el iphone... (y a veces resulta que es verdad)

5- Esta es buena... "No, yo tiro a baja resolución, así me caben más"
Ah... pues enhorabuena... cuando las quieras pasar a papel tendrás un fantástico cuadro puntillista.

6- Y ésta?... "Ah, pues yo tengo una foto igualita a ésta..."
Pos que raro... nunca me la has enseñado...

7- Otra que también oigo mucho... "Es que una cámara grande es mejor"
Si claro, y "viste" más... Lo único que también pesa más, eso si. Es la putada...

En fin... podría seguir así todavía un rato. Pero a ver listillos, ¿¿no os dais cuenta que quién saca las fotos es el tipo (o tipa) que está detrás de la cámara?? Es como si le dijéramos a un pintor... pues que pincel más bueno debes de tener para pintar así! O a un chef... yo quiero una cocina como la tuya, para guisar estos platos tan ricos.

No digo que haya cámaras mejores y peores (que haberlas, haylas), pero una gran cámara en manos de un inútil (fotográficamente hablando... o no, según prefiráis) no garantiza una gran foto. Así que a ver si todos los bocazas que tanto hablan espabilan un poco. Y si no, al menos que cierren el pico.


Tablas de madera pintadas en un día de lluvia.
Iphone 4
f2,8 - 1/60" - ISO 100